VIÑA ROCK 2002
Villarrobledo/AB, 26 y 27 de mayo 2002.
Por: David Martínez Pérez
Séptima edición del Festival de Rock Nacional Manchego. Es el Viña Rock una confluencia de músicas, culturas y formas de entender la música completamente diferentes pero que por séptimo año consecutivo han demostrado que pueden convivir no sólo en paz sino con alegría.

Cada año el Festival ha ido creciendo. Desde aquel primer año de incertidumbre, con un sólo escenario en el Campo de Fútbol de Villarrobledo hasta este año, con cuatro escenarios y más diversidad musical.

Nosotros nos centraremos en el escenario de La Oreja Metálica, que es el que acogía la música más cañera, el heavy metal nacional y sudamericano de mayor actualidad. En este escenario, a lo largo de los dos días que duró el festival, pudimos ver como se sucedían los grupos de mayor proyección en la actualidad, como Tierra Santa o Avalanch junto a nuevos valores como Tyr o Aspid (aunque lleven ya bastantes años rulando por toda España) y junto a viejas glorias que permanecen al pie del cañón (Barón Rojo, Ñú o Angeles del Infierno).

El viernes 26 por la tarde daba comienzo el Festival. Bajo un terrible calor miles de personas montaban sus tiendas y trataban de orientarse en un colosal recinto que como cada año estaba preparado para albergar a más de 40.000 personas. La gente andaba loca buscando las taquillas, los horarios de los Conciertos, la ubicación de los "puestos de avituallamiento" de bebida y comida y los servicios. Yo me cuento entre ellos, por lo que sólo pude llegar a la zona de conciertos en mitad de la actuación de los malagueños Tyr. Grata sorpresa para mí, que sólo los conocía de oídas (en cambio un montón de peña se sabía todas las canciones, tal vez porque había muchos andaluces en Villarrobledo).

Con un sólo disco en el mercado pero con muchos escenarios y conciertos a sus espaldas, los granadinos ofrecieron a los allí asistentes una buena dosis de heavy metal clásico con toques de hard rock, nada mejor para ir abriendo boca. Cabe destacar el buen sonido de los temas (lo que no ocurriría después con alguna de las otras bandas) y la calidad de su vocalista Yiyi.

A continuación salieron al escenario Aspid, banda que lleva algo más de tiempo en el panorama musical. Desde Gerona y encabezados por un nuevo vocalista (desde hace dos años) Juanjo, presentaron su último trabajo, "Babel", que se cuenta como el cuarto LP de su carrera, señalando que antes ya habían grabado dos maquetas. Riffs más contundentes que los de Tyr y estructuras músicales menos clásicas, a medio camino entre el trash y el progresivo. También contaron con muchos fans sin duda ansiosos de conocer los nuevos temas de la banda y cantando como locos los ya conocidos.

Tras estas dos actuaciones, de dos grupos que demostraron que en España no sólo hacen buen metal los tres grupos de moda o los clásicos, llegó el turno de una banda mucho más consagrada y que cuenta con una proyección no sólo nacional sino internacional: se trata de los madrileños Dark Moor, hacedores de un power metal épico que está triunfando mucho en países como Italia, además de su éxito en España. La voz de Elisa se hizo con todos los allí presentes y dio rienda suelta a lo que es, hasta la fecha, su último album, "The Gates of Oblivion".Básicamente los temas de este último disco fueron los escogidos por Dark Moor para cubrir su tiempo de actuación. Sin embargo no podían faltar clásicos de su segundo album,"The Hall Of The Olden Dreams", como Silver Lake o Somewhere in dreams.
El concierto de Dark Moor sólo se vio empañado por los problemas del equipo de sonido, cuyo resultado era una mezcla inaudible del sonido de todos los instrumentos. Las guitarras se mezclaban con los teclados, el bajo no se escuchaba y la voz llegaba poco nítida. A pesar de eso el grupo se entregó al máximo y demostró sus tablas sobre un escenario. Para un servidor lo mejor fueron los bises: una concatenación de temas de Queen que arrancó con el We are the champions y siguió con I want it all y cerró con The show must go on. Todo un derroche de voz y guitarras.

Ya era de noche cuando los madrileños se marcharon del escenario, dejando su lugar a otra gran banda del momento, los también madrileños Beethoven R. Este era uno de los momentos más esperados del Festival, porque se trataba de conocer a Kiko, el nuevo vocalista, en directo, tras la marcha de Iván Urbistondo (que por cierto también fue cantante de Dark Moor hace algunos años).
Kiko no defraudó y demostró su buen hacer como frontman y sus dotes para animar al público. Dos conclusiones extraídas tras ver su actuación: su gran parecido físico y gestual con Andi Deris y a su vez una evidencia: la de que Beethoven ha buscado la continuidad en el sonido que tenían con Iván. Pese a que tal vez Kiko no llegue a los agudos de Iván, lo suple con otros recursos, resultando una voz increíblemente parecida a la de Iván, manteniéndose el "sonido Beethoven R." intacto. Al igual que Dark Moor, Beethoven desarrollo su segundo album, "Un poco más", con temas como El Guardián de Tu Piel o la versión del clásico Más sexy, pero no se olvido de temas de su primer album, "Ja, ja", con el que se dieron a conocer. Que no, que no, Sangriento y mortal o Yo me pierdo fueron coreados a gritos por el público. José Luis, Javier y el incombustible Pepemari no dejaron ni un momento de poner toda la carne en el asador y de comunicar con el público, algo importantísimo. Dentro de que el sonido continuaba sonando defectuoso (un tanto saturado), sonó mejor que con Dark Moor. Además, los madrileños presentaron algunos temas de su próximo disco, que será el del debut en estudio de Kiko. Desde estas líneas les deseamos mucha suerte!!

El viernes cerró un conjunto atípico. Se trataba de The Bon Scott Band, la banda catalana cuyo repertorio son los temas de AC-DC, como su propio nombre indica. Esta banda, formada por José Castelló "Tite" y Jordi Vázquez en 1997, comenzó su andadura en el mundo de la música reuniéndose para hacer versiones de su banda favorita, y ha terminado encabezando cartel uno de los días del Viña. El propio Jordi, vocalista, no daba crédito a lo que veían sus ojos. No hacía más que alucinar por la cantidad de gente que abarrotaba el escenario de "La Oreja Metálika". Thunderstruck Sin City o el mítico Highway to hell sonaron con una calidad sorprendentemente parecida a las originales, y la banda se aventuró a tocar algun tema propio, después de cinco años haciendo sólo versiones. Fue un fin de fiesta extraordinario. Ahora tocaba recargar fuerzas para el día siguiente, que con el calor experimentado el viernes se aventuraba largo y duro.

El sábado, tras dedicar la mañana a las compras de abastecimiento para las comidas y a dar una vuelta por el pueblo, comimos en las tiendas de campaña y fuimos hacia los escenarios después. La pena fue que llegamos justo cuando los segovianos Lujuria terminaban su actuación, que deberíamos calificar, por lo que nos contaron, de show espectacularmente erótico. Por lo visto no faltaron muñecas hinchables, desnudos del público, del propio Oscar (cantante) y todo tipo de referentes sexuales, además de las ya de por sí explícitas letras de sus canciones, con temas como Sperman, Sin para de pecar, María Martillo o Escuadrón 69.

Así pues, el primer grupo que vimos el sábado fue el Beto Vázquez Infinity. Inculto de mí, no conocía nada de este argentino que lleva algún tiempo encandilando con sus composiciones a medio mundo. Bajista depurado, convenció a varios músicos de la talla de Jörg Michael de Stratovarius, Tarja Turunen, de Nightwish o Candice Night, de Blackmore´s Night, además de Fabio Lione, de Rhapsody. El concierto estuvo bastante bien, power metal con salpicones de epico, progresivo y speed metal. Virtuosismo, flautas y sopranos. Un show bastante completo, con versión de Pink Floyd incluída, para el debut en España de esta formación argentina. La pena fue el sonido, que continuaba mezclando todo lo mezclable.

Después se produjo el primer contratiempo del día. En lugar de salir Tierra Santa, que eran los que debían actuar tras Beto Vázquez, salieron José Carlos Molina y su banda, Ñú, con más de media hora de retraso. Bajo un calor sofocante, "el eterno flautista" demostró que por él no pasan los años en cuanto a potencia de voz. Mosqueado con la organización por un problema con sus acreditaciones, soltó tres o cuatro indirectas desde el escenario, tocaron durante media hora y se fueron como habían venido. Nadie entendió lo sucedido y Ñú pasó sin pena ni gloria por el Viña Rock. Si hubiera dado alguna explicación tal vez podríamos culpar a los verdaderos culpables. De esta forma sólo podemos dar fe de que Ñú tocó una escasa media hora en el Viña. Los que sepan lo que pasó que lo vayan contando!!

Tierra Santa no hizo sino confirmar lo que a esas alturas todos sabíamos: primero que son una de las bandas con más seguidores hoy en día; segundo que el sonido y sus problemas eran la tónica general del Festival. Los responsables del sonido deberían plantearse que en los conciertos de heavy las guitarras tienen que escucharse (¡¡es una norma básica!!). En fín, La canción del pirata, temas de sus cuatro álbumes y un consejo: que los seguidores de Tierra Santa, sobretodo los más jóvenes (que eran muchos) no se olviden de las raíces de todos los grupos como Tierra Santa, que miren atrás unos años y analicen.

Shaman llegó y triunfó. Mucha gente se vio sorprendida cuando vio aparecer a los ex -componentes de Angra, pues no conocían este hecho. Lo cierto es que Shaman fueron uno de los grupos triunfadores. Tocaron temas propios, en los que mezclan el metal con sonidos brasileños como la samba o la bosanova, y también hubo tiempo para tocar temas de Angra y para que André Matos se luciera con una versión del Painkiller de los Judas. Fantásticos y deseosos de que puedan venir más por España.

Avalanch dejó el pabellón bastante alto, aunque seguro que mis comentarios causarán polémica, porque los más fieles seguidores de los asturianos se encontraban dividos ante las prestaciones de sus nuevos componentes. Para mí destacaron por encima del resto por su sonido: sonaron de puta madre, nítidos, limpios, se distinguieron las voces (¿los gallos según algunos?) y los solos de guitarra de Rionda. El punto álgido de la polémica saltó cuando a medio de una balada, la gente comenzó a pitar hasta tal punto que los músicos pararon de tocar. Tras unos instantes de incertidumbre, la mayoría del público comenzó a aplaudir y los Avalanch continuaron con la actuación. Tras el concierto los comentarios apuntaban que el grupo había tenido que tocar en un tono más bajo sus temas porque a Ramón Lage, su nuevo vocalista, no le llega la voz. Admito que no soy un seguidor del grupo y no puedo opinar al respecto, sólo comentar que en cuanto a calidad de sonido el grupo estuvo muy bien, y yo no pude apreciar los "desastres vocales" de Lage, pero creo que no fueron para tanto.

Y llegamos a los dos platos fuertes del día. Después de muchas horas escuchando a nuevas y consagradas bandas, llegaba la hora de los pesos pesados de este mundillo. Las bandas que desde hace más de veinte años vienen dando caña y manteniendo el listón muy alto. Cualquiera de las dos bandas a las que nos referimos podría haber encabezado el cartel de este día del Festival, porque las dos lo merecían (de hecho ya lo habían encabezado en otros años): hablamos, cómo no, de Angeles del Infierno y Barón Rojo, dos de los grupos sin los que no se podría entender el heavy metal en este país. Los hermanos De Castro y Juan Gallardo y los suyos. Entre las dos bandas suman más de cuarenta años de música, de buenos discos, de grandes conciertos.
Comenzaremos por los Angeles, que este año cedieron el honor de encabezar a los Barones.

Los vascos internacionalizados y americanos de adopción, la banda de Juan Gallardo se hizo de rogar, y no por voluntad propia. Los enésimos problemas de sonido hicieron que la espera fuera larga y pesada (recordemos que eran ya muchas horas dando botes). Pero las molestias desaparecieron rápidamente. Un entregado Juan Gallardo, que no paró de bailar y mover a la gente, demostró que sigue teniendo una gran voz, aunque hubo gente que se quejó del eco que le pusieron a su voz desde la mesa de sonido. La calidad sonora mejoró un poquito con respecto a otras bandas, pero lo cierto es que no era un sonido limpio. Esto se suplió con el "trabajo extra" del público que cantó todas las canciones como si les fuera la vida en ello. Se notó que los Angeles se prodigan poco por estas tierras, y la gente los espera con ganas cada vez que cruzan el charco desde su América adoptada como residencia del grupo. Los viejos temas se mezclaron con otros más actuales (A cara o cruz, Dando por detrás), incluso presentaron algún tema inédito. Hacia el final del show un "pupurrí" con los temas más conocidos 666, Sombras en la oscuridad, si tu no estás aquí, Prisionero... para que no quedase ninguno sin tocar. Como decíamos muy cañeros y con unos músicos tan entregados como el propio público. Tras más de una hora de concierto (que se nos hizo tremendamente corta a algunos por lo bien que lo pasamos), los Angeles se marcharon dejando el pabellón muy alto.

Y llegaron los Barones. Y la armaron, como siempre. Un nuevo concierto maratoniano en el que dieron buena cuenta de todos sus grandes temas, ante un público entusiasta que disfrutaba de las últimas pinceladas de la edición del Viña de este año. Breakthoven, Incomunicación, Con botas sucias, sonaron como siempre y como nunca. El sonido fue de los mejorcitos de todo el Festival. Los hermanos De Castro y compañía demostraron lo que todo el mundo ya sabe: que siguen disfrutando sobre el escenario tanto como hace veinte años o más si cabe. Hijos de Caín, Resistiré, Señor Inspector... resulta complicado no poner todos los temas de su set-list, porque parece que casi todos tienen la misma importancia: la de haber contribuido a una de las más gloriosas páginas de la historia de la música de este país. A ellos y a mochos grupos de su época que por muchos motivos ya no están entre nosotros debemos muchas cosas. Y otros les deben muchas cosas. Que se apliquen el cuento. En fín, hasta aquí esta desaliñada crónica que no hace más que dar una ligera idea de lo que se puede vivir y sentir durante dos días de heavy metal puro y duro.
Un abrazo y nos vemos el año que viene.

 

© METAL GODS. Eva María Fernández. 2001