CON LOS GALLOS HUMANOS

"Nos encanta no parecernos a nadie"

Al principio eran piano y voz. La propuesta sorprendió bastante, sobre todo porque uno de los que conformaba el dúo, era ex integrante de Los Estómagos y en el rock local no se estilaba (y creo que aún hoy sigue sin estilarse) salirse del rígido esquema instrumental de bajo, guitarra, batería y a veces teclados.
Luego de un prolongado alejamiento de la escena, Fabian Hernández (piano) y Marcelo Márquez (voz) vuelven acompañados por Fernando Mariott en batería y Diego Ponciano en bajo y guitarra. La piel sonora del regreso es otra, pero viste el mismo esqueleto que los había posicionado como el grupo más raro, arriesgado y original de la movida musical uruguaya.

PERFIL

- El estilo musical de los Gallos, ¿es una idea propia o un modelo traído de afuera?
FH- Nosotros partimos de la base de que queríamos hacer algo personal, con una identidad propia. Nunca nos gustó la idea de agarrar un modelo y copiarlo o modificarlo o pintarle un poco la cara. Quisimos hacer música con una impronta personal, justamente en un panorama bastante chato en ese sentido. Aquí hay muy pocas bandas con un perfil propio y para nosotros es muy importante tener esa característica.
MM- A nosotros nos encanta no parecernos a nadie, ser nosotros mismos.
- ¿Cómo surge la idea contracorriente de los Gallos, de una voz recitando poemas y un piano como único instrumento sostén?
FH- Paralelamente a lo que hacía con Los Estómagos, tenía algunas composiciones propias que eran solamente musicales y cuando se termina la experiencia de aquella banda, pensé que podía tener alguna viabilidad el proyecto de hacer algo con el piano, que es el instrumento que siento como mío y que toco desde chiquito. Pero hasta que no conozco a Marcelo no sabía qué hacer , ya que algo estrictamente musical no me importaba tampoco. Siempre me interesó la conjugación de letra y música y cuando Marcelo me mostró lo que tenía escrito, se me ocurrió que perfectamente podía encajar con alguna melodía que yo tenía hecha.
- ¿Cómo es el proceso de composición? ¿Le ponen música a la letra o trabajan de diversas maneras?
FH- Depende. Hay temas que han surgido en base a un poema que después se musicaliza o ha pasado al revés también. Se trabaja de diferentes maneras y no siempre se llega por el mismo camino.
-Si la banda no hubiera parado e inmediatamente a la salida del primer disco hubiera venido un segundo trabajo, ¿habrían mantenido la característica de un piano y una voz o ya entonces, tenían la idea de abrir un camino instrumental más vasto como al que se han jugado ahora?
MM- La idea de agregarle otros instrumentos a la banda ya la veníamos manejando. Recuerdo que ya en aquel tiempo, Fernando Mariott y Diego Ponciano participaron como músicos invitados en una actuación en La Factoría. La idea no estaba del todo definida pero ya se venía dando. Lo que dificultaba el armado del grupo era no encontrar gente con la cual poder trabajar y compartir más o menos las mismas cosas que teníamos en mente. La creatividad musical se puede ampliar mucho más enriqueciéndola con instrumentos, sin por ello alejarnos de lo que es la línea de los Gallos. La esencia va a ser siempre la misma: poesía y música.
- Marcelo, ¿cómo te enganchás con la escritura?
MM- Eso nació de una manera instintiva en la adolescencia. En épocas del liceo, me acuerdo que llegaba a mi casa y me ponía a escribir cualquier cosa. Luego lo leía y me gustaba. Era una forma de apoyarme en algo, como algo para llenar un vacío quizá.
- ¿Nunca pensaste tus textos como poemas ni se te ocurrió publicar un libro con ellos?
MM- No, siempre escribí por necesidad pero sin ningún objetivo claro hasta que aparece la posibilidad de armar los Gallos Humanos. Desde entonces, cuando escribo lo hago pensando en una música, en la música que podría servir para una canción de los Gallos. Nunca tuve una postura poética.
- ¿Qué tipo de cosas te gustan leer?
MM- Leo poco a pesar de lo que se pudiera creer. Me gusta Bukowski, Paul Auster, Lautreamont, Poe, Lovecraft, Quiroga.

INTENTOS AISLADOS

- ¿Y musicalmente? ¿Qué cosas les interesan?
FH- Yo tengo una formación clásica y hay autores que toda la vida me interesaron. Autores barrocos como Bach, el tango de la guardia vieja y el de Piazzola. Luego, empecé a escuchar rocanrol en la época de la revolución punk.
- ¿Seguís al tanto de lo que pasa a ese nivel?
FH- No, no sigo la movida musical actual. Cuando hay alguna cosa que me interesa la escucho, trato de conseguir algún material. No como antes cuando estaba al día y sabía lo que pasaba. Pero el panorama, salvo excepciones, es bastante pobre. Inclusive a nivel internacional. La cosa se maneja ahora con islas, o sea, gente que hace cosas interesantes pero bastante aparte del resto, de para dónde va la música. A nivel nacional ocurre lo mismo. Hay gente interesante haciendo cosas pero son intentos aislados.
- ¿Cuáles son esas islas?
FH- A mi un tipo que siempre me ha interesado es Leo Maslíah, me interesa muchísimo lo que hace y no sólo musicalmente sino a nivel teatral y literario. Otro tipo que fue un monstruo es Alfredo Zitarrosa. Me gustan cosas de Fernando Cabrera, y de las bandas de hoy, no te puedo nombrar alguna que me entusiasme particularmente. Cuando uno está participando coetáneamente de un movimiento, las cosas las ve de otra manera. Yo tengo miedo de pronto, de no estar al tanto de algunas cosas y algunos códigos que se manejan hoy en día, pero haciendo esa salvedad, no veo una creatividad desbordante ni un sello personal en las bandas del rock actual.
-Tampoco fue algo desbordante el rock de los ochenta...
FH- No digo que aquel momento haya sido fantástico. Pero como protagonista de esa época puedo asegurar que había un sentimiento de rebeldía, de no estar conforme con lo que pasaba y de expresarlo mediante la música y que eso, era un poco lo que nos unía a unas cuantas de las bandas pioneras de ese momento. Siguen habiendo hoy, muchas cosas frente a las cuales rebelarse y sería sano, se me ocurre, que la gente que empieza a hacer música en su adolescencia, tuviera ese espíritu rebelde que a la vez, es un aliciente para la creatividad.
MM- Aquella era un época más fresca, como que había más efervescencia. Había otro instinto y no había tanta represión de los sentidos...
- Había una represión llegada desde el exterior pero no desde el interior del individuo...
MM- Exactamente. Como que había otra libertad y otra forma de expresar un montón de cosas que ahora no se expresan. Antes habían escenarios con decorados o al mismo tiempo que el músico tocaba aparecían otras personas en escena escribiendo o recitando poesías o revolcándose en el suelo; personas que subían a hacer algo sin importar qué y esas, son cosas que ahora no se ven.
FH- La generación de los ochenta somos en parte responsables de lo hoy sucede. Cometimos algunos errores graves y no fuimos un buen ejemplo para la gurisada que venía, porque la gente que empieza a hacer música la hace motivada por las cosas que ve, por lo que escucha. Cuando yo arranqué, lo hice con la necesidad de hacer algo y de emular a lo que uno consideraba sus ídolos, sus ejemplos; después vendría la búsqueda del camino propio. Y sucedió que por diversas razones, nosotros dejamos a los gurises sin ejemplos, nos apartamos, y ahí quedó una larga pausa de varios años donde no pasaron cosas a nivel musical. Los medios masivos y las condicionantes más diversas influyen siempre pero a pesar de todo, es uno el que no debe aflojar.
-El comienzo de ese bache coincide con la fecha de separación de Los Estómagos. ¿Por qué te alejaste de la banda?
FH- Uno de los motivos fue la diferencia de criterio que tenía con el resto de la banda. Los que componíamos la música en Los Estómagos éramos Gustavo Parodi y yo mientras que Gabriel Peluffo se encargaba de las letras y, en un determinado momento, no logramos compatibilizar la forma de encarar a futuro los próximos pasos de la banda. Yo no quería sacar otro disco de Estómagos que fuera igual al anterior. Siempre me interesó estar buscando puntas en vez de quedarme en un determinado sitio y decir "parece que se acabó la capacidad creativa". Y como lo que se proponía era volver para atrás, encerrarse en un sonido sin tirar líneas nuevas, decidí deslindarme del grupo. Ahí me quedé años sin encontrar un lugar donde volcar mis inquietudes...

LO QUE ABUNDA

- ¿Qué pasa si mañana se dan cuenta que los Gallos Humanos comienzan a repetirse? ¿Qué nuevo camino transitarían?
FH- En este momento no se me ocurre nada porque ahora, vamos por el camino elegido. En su momento, si las aguas se aquietan demasiado se verá, pero pienso que eso ocurriría difícilmente con los Gallos Humanos, porque somos gente bastante inquieta.
- ¿No puede pasar que el propio estilo del grupo se convierta en un corset que los deje sin vías de salida?
MM- Si eso llegara a suceder, primero que nada habría que hacerse la pregunta a uno mismo de si está conforme con lo que hace y si no se está conforme, cambiar y hacer otra cosa.
- Uno puede estar conforme y al mismo tiempo estar repitiéndose...
MM- Si eso a uno lo deja satisfecho y saciado...Yo como del mismo plato de polenta todos los días y eso me gusta. También hay que partir de la base de hacer lo que uno quiere y lo que a uno lo hace sentir bien.
- ¿Es más importante hacer lo que uno tiene ganas que innovar?
FH- Lo que pasa es que cuando uno tiene ganas de hacer cosas y las cosas que a uno se le ocurren parecen innovadoras, es mejor todavía. Y si alguno te da una opinión en ese sentido, gente que uno aprecia, quiere decir entonces, que no estás tan equivocado en tu camino. Porque es muy difícil decir "yo soy un innovador". Simplemente soy una persona inquieta y considero que es importante, en la medida de lo posible, no repetirse y buscar colmar las ambiciones de uno en ese sentido y conseguir también, la satisfacción del oyente inquieto. Porque a mi me pasa eso: cuando me gusta un artista y lo sigo, espero que cuando salga su nuevo trabajo tenga cosas que a mi me sorprendan. Es lo que uno trata de dar. De pronto uno tiene un montón de ideas o de cometidos y se verá lo que somos capaces de dar a través del producto artístico, que es lo que finalmente habla por uno.
-Tengo la impresión de que no respondieron la pregunta. ¿Es más importante innovar o sentirse cómodo con lo que uno hace?
MM- A mi me interesa sentirme cómodo a la hora de crear pero a la vez, sé que estoy innovando. Porque lo que a mi me hace sentir cómodo, es bastante diferente a lo que abunda.

LEONARDO SCAMPINI