HAY QUE CONTRIBUIR AL CAOS (Del suplemento cultural de EL DIA, 11 /9/ 1992)

La noche del 25 de agosto de 1989 se deshacía en el Cine Cordón, un mito del rock nacional de los 80, Los Estomagos. Fabian Hernandez; dos años después dió inicio a otro proyecto musical: Los Gallos Humanos. La alquimia del piano de Hernandez, sumado a la dicción en cascada de un poeta rockero, Marcelo Marquez, abre una brecha audaz, conmociona, celebra la pasion por la musica. Sin embargo están más cerca de Erik Satie y Tristán Tzará que de los codigos rockeros. Su espectáculo "Aquel desfile de Gallos Humanos" lo vienen presentando en Laberinto.

(Por Gabriel Peveroni)

Acaba de terminar el show. Fabian Hernandez está tranquilo. Esboza una sonrisa de satisfacción. Marcelo Marquez se muestra inquieto, no para, es un despliegue de nervios y palabras. De fondo suena el Pop liviano de El Ultimo de la Fila. Oprimo REC del mini grabador y Marcelo ametralla del mismo modo que lo hace sobre el escenario: "Tengo una definición exacta, nuestro arte es el gallo que riñe en la zona inconclusa de los pálidos enigmas". Todavía sigue inquieto, sus ojos se disparan en las paredes del camerino: "Los Gallos riñen contra la vida, contra todo, contra lo que recibís del espejo. Todo lo que fui antes, lo que estoy viviendo ahora, en este mismo instante, lo que voy a hacer en el futuro. El futuro es ahora. Trato muchas veces de ir mas alla pero termino siempre acá. Acá hay un momento, hay una energía, hay gente, hay palabras, hay emocion, hay excitacion". Los Gallos Humanos producen pequeñas explosiones en escena. Mientras suena el piano curiosamente frágil, Marquez destroza muñecas, gesticula, se maneja al borde, parece emprender un violento viaje interior. Catarsis. "Siempre me rehusé a la quietud, sino sería un estado neutro. Movimiento y excitación siempre hay, así esté encerrado en una cárcel, en un cuadrado de un metro por un metro o tenga todo el océano frente a mi". "Hay una realidad que no se hasta que punto es tal pero que nos afecta profundamente, que nos mueve a hacer esto, a salir al escenario", apunta Hernandez. Los Gallos Humanos están en el juego.

Rock palido

La vinculación en espíritu y en energía con el rock es clara, pero la posición estética escapa a los lineamientos de un genero que parece agotarse. El gusto es la frontera. Se canibalizan tics rockers, más exactamente punks, con aires de la vanguardia electroacústica de los años 20, 30, y 40, sobrevive el tango y por momentos uno desearía que el piano de Fabian Hernandez, fuera acompañado de violines. "Lo que está dando el rock no me conforma para nada, no lo veo como el instrumento que fue en otro momento, no lo veo suficientemente revolucionario. No puedo seguir perpetuando una corriente que la considero sin fuerza. No puedo seguir subido a ese carro. Nos permitimos mas cosas que una banda de rock and roll: el publico está mas atento en torno al clima que crea la musica, lo que dicen las letras". En su primera presentacion, el año pasado, el piano era acústico. Ahora Hernandez, está tocando uno eléctrico. "Incorporamos un poco de tecnología obligados. En el piano acústico me siento mas a gusto, puedo tocar con otra vibración. La tecnologia nos traiciona, pero a veces no hay mas remedio. Es más difícil trasladar un piano acústico es muy difícil de amplificar y por ahí estamos perdiendo algun punto". El trompo gira y vuelve el tema del rock. Hernandez rememora los tiempos "inolvidables" de Los Estómagos, Márquez admite escuchar "rock, sobre todo rock fuerte, con mucha energía y mucho sentimiento. Pero tambien escucho otras cosas. Me encanta el tango, me encanta Julio Sosa y el polaco Goyenenche".

La Loca Criatura

Las canciones aluden a pesadillas, fantasías a un mundo onírico donde los personajes viven historias violentas. Asoma el tema del terror: "Con sus puños cerrados/y dientes afilados/arrancó una risa cosquillosa/de su propia calavera/Sangre amarga, sangre turbia/se alegró una loca criatura/vomitó su odio espumoso/y se hundió en el cuerpo femenino de ataud". La acelerada dicción de Marquez, sus gestos, sus movimientos, caóticos inquietan al auditorio. El es un decidor, un poeta casi desesperado. Desesperacion por transmitir, por contar, por ingresar violentamente en la cabeza del publico: "Un navajazo invisible/penetró una realidad cruel/Un brillo traicionero/destiló veneno/para saciar su sangrienta sed/Se derrumbó una cabeza de titere/ y con ella un juego inútil". Detrás de la intensidad oral permanece frágil el piano de Hernandez, como distante. Operan por contraste: " Con sus puños cerrados/y dientes afilados/besó la sangre dorada/que dejó al caer la cruz de bronce/derramando su bendita maldad/Lloró y experimentó deseos animalezcos". En la escena Márquez boxea solo, bailotea, se mueve nerviosamente. A veces hay lugar para el descontrol. En la pared cuelga una máscara de yeso: encuentra el puño de Marquez y se destroza contra el suelo."Sus fantasmas la abruman con su fiebre rabiosa/Ellos mordieron su locura/mordieron su locura/mordieron su locura". Otra cancion que se acaba. El poeta mira fijo al publico, a los ojos. Perturba. Luego de "La loca criatura" sobreviven los aplausos. El show continúa.

Un mundo feliz

Se conocieron curiosamente en un club de pesas de Pando, religion que ambos admiten como descarga. Allí se fue gestando este proyecto de Los Gallos Humanos. Lejos de la neurosis montevideana, ellos traducen en amor-odio su relacion con su lugar, con su mundo. Márquez con sus inquietos veinte años y un peinado ligeramente punk, se revela en continua busqueda. Mientras acelera su discurso, Hernandez lo mira sonriendo, como cómplice. Sigue sonando El Ultimo de La Fila. El humo de los cigarrillos invade el reducido espacio del camerino de Laberinto. "Tengo una parte mia que tiene pesadillas, que vive en otros planetas, en otros mundos. Y un sueño. Y vivo. Al escribir estoy viviendo, estoy imaginando. Quizás en épocas pasadas viví, quien sabe. Se que hubo tiempos que fueron de infiernos, de demonios". Sigue. "Cuando yo tenía diez años vi a la virgen María. Una vez la ví. No se si tiene algo que ver o no, pero tuve visiones, espiritus". Cementerios. "Vivo en Pando, allí hay uno y dos por tres he ido y me quedado largas horas frente a una tumba. Mirando. Pensando. Me atrae, me gusta el mundo de lo misterioso". Prostibulos. "Son cosas que te llegan directo. De repente si sos un tronco, un pedazo de fierro, no sentís nada. Vas y no te das cuenta de nada, vas ciego. Realmente aprecio el calor humano, las veces que entré me trataron bien". Sigue: "Trato de ser yo, ir con la verdad siempre, aunque parezca pura palabrería". Hernandez, más tranquilo, incluso un poco introvertido, lo interrumpe: "Me identifico con las letras de Marcelo, porque la locura y la demencia son reflejo de lo que uno siente, lo que uno piensa, lo que uno ve. Son vivencias.

Rock palido parte II

Es inevitable que la charla recale en Los Estomagos. En aquel 25 de agosto de 1989, tras varias idas y venidas, finalizaba la vida de la banda. Gabriel Peluffo, en medio de aquella emoción que inundara el cine Cordón, culminó con un "Nos vemos muy pronto" luego en parte, cumplido por Los Buitres. El publico lloraba. Hernandez se descolgaba por ultima vez el bajo eléctrico. En ese llamado no estaba incluido. "Yo no lo sabía, sospechaba sí, que había un plan ahí. Cuando en la conferencia de prensa dije que iba a seguir contra viento y marea, me refería a lo que yo pensaba en ese momento. No pensaba abandonar la musica. En ese momento no tenía ningún proyecto, el resto de la gente de Buitres, parece que si". Acerca de los Buitres Despues de la Una, fue concluyente: "No me interesan como propuesta. No me interesa lo que hacen a nivel creativo. Es un grupo que no llama la atención. Reconozco que suenan prolijo, que hacen las cosas bien, pero no me interesan". Otra vuelta al trompo. "El rock, cuando yo tenía 18 años era un arma poderosa, podia atacar. En este momento no; se ha vuelto una parodia. Hay gente que lo sigue honrando, hay gente que tiene una tradicion rockera indiscutida a la cual yo no le puedo decir nada. No puedo decir no hagas esto. Es gente que mamó del rock y viene de ahí. Pero hay otra gente que contribuye mas a destrozarlo, a hacer algo cada vez menos válido".

En movimiento

El dúo que conforman Hernandez y Marquez es un proyecto en movimiento. Crece. Busca. No se queda congelado. Hay una proyección dinámica de ellos, de inquietud. Basta verlos en acción para intuir su energía. Es el pianista sosegado, introvertido, inteligente y apenas sonriendo, con el decidor violento, impredecible. En una furiosa cascada que parece no tener fin. Una extraña mezcla de Erik Satie y Tristan Tzara. Es hora de poner fin a la entrevista. Oprimo el STOP de mini grabador Sony, sigue sonando El Ultimo de la Fila. El show de Los Gallos Humanos terminó hace mas de media hora. Marcelo Marquez anota: "Considero que esto nunca está terminado de pulir, nunca hay nada terminado. Siempre queda algo por hacer. Fabian Hernandez dice su ultima impresion. "Hay que contribuir al caos". Todavía parece haber lugar para la sorpresa. Sigue girando el trompo. Alguien cambia la casete de fondo y suena ahora Nick Cave. Vale. Subo y pido en la barra un Lubumba: coco, cognac y leche.