ENTREVISTA A BRIAN SETZER
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Has demostrado que una big band de formato tradicional puede ser conducida por una guitarra eléctrica sonando a tope ¿Cómo te sientes?
Estupendamente. No hay nada igual, es diferente a cualquier otra cosa que hayas escuchado antes. No voy a parar hasta que todo el mundo tenga ocasión de escucharnos y pueda ver como se quedan boquiabiertos. Una guitarra no es capaz de dominar a otros dieciséis instrumentos. Pero finalmente estoy descubriendo cómo colocar a una orquesta completa detrás de una guitarra, donde colocar a la orquesta y donde no. En el nuevo álbum también utilizamos bajo. Los usábamos en Stray Cats y no se porque lo había olvidado, proporciona un ritmo más vivo. No es que nuestro público baile el pogo, pero tampoco se quedan sentados. Al principio, cuando la gente venía a vernos, ¡tenían que contárselo a los amigos!. Y si nos escuchaban por la radio, flipaban. Pasamos de tocar ante treinta personas en un club a vender todo el Greek Theater. La música venció.

¿Porqué reinventar el swing cincuenta años después de su extinción?
No me lo planteé como algo oportunista,. No tenía ni idea de cuantos discos venderíamos, ni cuantas actuaciones íbamos a conseguir. Pero sabía que, musicalmente, lo que hacíamos era válido. Creo que el swing tiene sustancia porque, para empezar, es algo valioso que está en las raíces de la música americana. Pero a nuestras actuaciones no viene sólo gente vestida al estilo de los años 40. Hay mucha mezcla, que es lo que ocurrió con Stray Cats, no todo el mundo llevaba cazadora de cuero y tupé. Si te limitas a copiar lo que se hacía en 1.947, no va a quedar mal, pero estás simplemente repitiendo lo mismo. Para hacer que la música sea válida y viable tienes que renovarla y hacerla tuya. Por eso Stray Cats tuvieron éxito en los 80. Otras bandas de rockabilly se quedaron en 1.956 y no pudieron mantener el ritmo por mucho tiempo.

¿Que elemento pesa más, el rock o el swing?
Lo primero es el rock, que quede claro. Es rock en un contexto de big band, una orquesta que toca tan fuerte como cualquier banda rock que hayas oído. El jazz y el swing no van por delante. ¿Cuan lejos puedo llevar la guitarra eléctrica?, esa era la cuestión que me planteaba, pues no se trataba de rock con acompañamiento de vientos, algo que ya se había hecho en el pasado. Era una orquesta completa ¿funcionaría? Bueno, empezamos por pura diversión y ya hemos hecho tres discos. El primero básicamente incluye versiones, no tuve tiempo de escribir canciones para todo un álbum, pues el contrato discográfico llegó muy pronto, yo todavía estaba intentando recomponer el puzzle musical. Para el segundo, "Guitar Slinger", escribí primero las canciones y después las partituras para la orquesta.

¿Realmente es esto lo que siempre quisiste hacer?
Crecí en Nueva York y recuerdo claramente que ese sonido me impresionaba, desde muy joven me gustó. Aprendí a tocar la guitarra con un viejo músico italiano que me enseñó a leer y escribir partituras, y todos los acordes típicos del jazz, así que algo que siempre estuvo en mi entorno. La verdad es que empecé a acariciar esa idea cuando Stray Cats obtuvimos nuestro primer gran éxito en América con "Rock this Town" y nos llamaron para aparecer en el antiguo Tonight Sow de Johnny Carson. Me moría por utilizar la orquesta del programa como respaldo para el trío. Los artistas iban al programa y rechazaban a la orquesta de Doc Severinson, pero yo pedí que nos acompañaran. Creía que podían apuntarse a lo que hiciésemos sin más, no sabía que necesitaban partituras y todo eso. Pero la idea en sí misma me pareció genial.

¿Donde fichaste a los componentes de tu orquesta?
Son músicos locales de jazz. La mitad de ellos tocaron en la banda sonora de "El rey león". También hicieron especiales con Sinatra. Son gente que prefiere quedarse en la ciudad, no salir de gira por ahí, porque aquí ganan mucha más pasta. Si escuchas un pequeño combo de jazz es un anuncio de pasta dentífrica, probablemente sean miembros de mi orquesta. Dirijo una gran banda. Se necesitan cinco saxos, cuatro trombones y cuatro trompetas en la sección de instrumentos de metal. Si alguno llega tarde al ensayo, lo detecto enseguida. ¿Donde está el segundo contralto? Para lograr ese increíble sonido hacen falta todos y cada uno de ellos.

¿Notaste algún tipo de recelo por su parte al principio?
Creían que no sería capaz de seguir su ritmo. Llegaron con sus partituras de Thelonius Monk, Miles Davis, material que con el que pretendían avasallarme. Pero, al cabo de un tiempo, vieron que yo podía seguirles sin problemas. Quizá la razón de que nadie lo hiciera antes es que has de saber leer y escribir partituras, y dominar los acordes del jazz, para poder hacer la clase de música que hacemos. Debes poder tocar esos acordes y saber tocar sobre ellos. Nuestros inicios fueron los de cualquier otra banda, no importa que sea de tres o de diecisiete miembros. Lo primero es convertirse en una banda, adquirir integridad como grupo. Esto fue más difícil si cabe en nuestro caso, pues no teníamos puntos de referencia. Si queremos montar un grupo de música punk, empieza con los Sex Pistols, pero estos eran músicos de jazz y yo no podía explicarles lo que era una actuación rock. Salimos de gira y funcionó. Al llegar a Cleveland ya habían pillado el rollo, y al presentarnos al festival de jazz de Montreal ya éramos una banda compacta. Están en el rollo, porque les agrada la idea de cruzar la frontera y meterse en territorio rock’n’roll, es algo que les excita.

Han acabado enrollándose con el rock’n’roll...
Algunos de ellos ya habían tocado rock’n’roll. Tocan en sesiones con Neil Young y otros artistas cuando les llaman porque necesitan una sección de mi viento. Mi idea les pareció bien en principio, pero lo cierto es que durante los primeros ensayos, ya lo he dicho, estábamos todos un poco recelosos. No quería que me vieran como a un ruidoso guitarrista de rock dispuesto a ensombrecerles, me importaba hacerles saber que les respetaba muchísimo. Así que nos costó un tiempo que la banda se configurara tal y como es ahora, pero eso ocurre en todas las bandas, es algo normal. Cuando debutamos en 1.994 y tocamos unos cuantos bolos todo comenzó a cuajar. Pienso que se dieron cuenta de que clase de público rock yo atraía, rockers enloquecidos, amantes del rockabilly. No sabían que esa gente existía y, cuando los vieron en acción, lo entendieron todo mucho mejor. Era algo que yo no podía explicarles, tenían que verlo por ellos mismos.

¿Que progresión ha seguido la banda desde aquellos primeros bolos?
No ha sido difícil evolucionar, mejorar. Con ellos nunca me he planteado cambiar de táctica. Se trataba simplemente de saber muy bien en que dirección quería ir. Lo que ocurrió en el primer disco, ya lo he dicho, fue que nos contrataron demasiado pronto y yo no tenía suficientes canciones escritas, me faltaban partituras. Suena como el disco de cualquier banda swing. La guitarra no era todavía parte integrante de la orquesta. Con el segundo álbum ya sabía que el concepto funcionaba, que podía dirigir una big band con mi guitarra eléctrica, así que me concentré en escribir. Comprendí que no tenia que escribir canciones con estilo swing, porque eso ya sabíamos que funcionaba, sino simplemente buenas canciones. Y me puse a ello, lo que nuevamente tomó su tiempo.

¿Como se desarrollan las giras con una gran orquesta?
La primera gira por E.E.U.U. fue de dos semanas de duración. Perdimos mucho dinero con aquella gira y muchos me decían que desistiera, que no funcionaría. Pero yo ya había oído la misma cantinela cuando Stray Cats empezábamos y me dije que estaban equivocados, que aquello iba a funcionar porque el público iba a querer verlo. Y de pronto empezamos a recibir ofertas. Nos preguntaban lo que costaba un bolo y cuando se enteraban nos colgaban diciendo que era una suma ridícula. Y al cabo de diez minutos volvían a llamar. Así ha sido todo hasta el momento, contra todo pronóstico. Y por ello me proporciona una gran satisfacción ver que hemos salido adelante contra lo que decía la gente.

A pesar del actual revival swing, lo que hace la Brian Setzer Orchestra es en cierto modo único...
Me gusta que no seamos una banda swing típica, no estamos en la misma categoría que las bandas de swing modernas, aunque me agradan bandas como Big Bad Voodoo Daddy o Royal Crown Revue. Son grandes bandas. Pero cuando lo piensas, ellos llevan dos o tres saxos ¡yo llevo cinco!. En cuanto a los grupos rockabilly, bueno, yo soy un guitarrista rockabilly, no voy a negarlo a estas alturas, pero ahora resulta que llevo una big band detrás. Y, por último, las big bands clásicas que quedan en el circuito, están formadas por abueletes que siguen tocando partituras de Glen Miller. Lo nuestro es único, y eso lo hace bueno. Resalta de todas esas otras cosas al mezclar de forma original todas esas influencias. Esto es lo que verdaderamente nos hace sobresalir.

¿Se te han quejado los puristas de uno u otro bando, rockabilly o swing?
La verdad es que no. De hecho, el mejor cumplido lo recibí de Henry Mancini poco antes de que este falleciera. Vino a saludarme y me dijo que lo que estaba haciendo era genial, porque estaba renovando un género desaparecido hacía cincuenta años. Me animó a seguir adelante diciendo que lo que hacíamos era una absoluta novedad. Así que no puedo quejarme de la acogida que estoy teniendo. Los rockabillys gritan pidiendo canciones de Stray Cats y toco un par de ellas; claro que, si Stray Cats todavía existiéramos tampoco haríamos más que un para de viejos temas. Ahora, con el éxito del nuevo disco, muchos se han olvidado de aquellas canciones y piden las nuevas.

¿Qué dificultades entraña escribir pensando en una orquesta de diecisiete músicos en comparación con el rockabilly trío que eran Stray Cats?
El trabajo de composición es prácticamente el mismo. Los Stray Cats podrían haber tocado un tema como "Johnny Kool", de nuestro segundo álbum. Escribir las partituras ya es otro asunto, lleva mucho tiempo, es un trabajo concienzudo. Si nos damos prisa pueden estar listas en una semana, pero no se puede ir con prisas con las partituras, porque son orquestaciones con diecisiete partes distintas, es casi como escribir un libro. Y luego debe transcribirse al pentagrama. Se puede hacer en un ordenador, pero a los chicos eso no les gusta, prefieren ver las notas escritas a mano, dices que es más agradable a la vista. Cuando empecé a hacerlo vi que tenían razón, no me gusta leer esos papeles impresos del ordenador, son un fastidio. Cuando escribes música a mano es mucho más fácil leerla. Toma su tiempo hacerlo, pero merece la pena.

En tu segundo álbum hay un par de temas compuestos por Joe Strummer ¿cómo surgió esta colaboración?
Me encontré a Joe en un cementerio de Cadillacs. Yo colecciono coches y él me llamó para ver donde podía reparar su Cadillac del 55. Conseguimos que su Caddy volviera a rodar y en agradecimiento me pasó unas letras que tenía escritas. Me gustaron y con ellas compuse el tema "Guitar slinger". Le llamé para contárselo y pedirle más letras, y se vino a pasar unos días a mi casa en el desierto de California. Lo pasamos fenomenal conduciendo nuestros Cadillacs por aquellos parajes. Una noche estábamos de fiesta y él se sentó a escribir bajo la luz de una vela. Yo le pregunté si se creía Abe Lincoln y él no pilló el chiste, pero me pasó la letra y era "Ghost Radio". Me senté y compuse la canción allí mismo. En aquel momento vi que había algo especial entre nosotros. No ocurre a menudo, pero ocurrió con Joe. Acabamos escribiendo seis temas juntos.

¿Como recuerdas desde el presente los años 80 y la carrera con Stray Cats?
Fue una época peliaguda. Muchos aspectos de aquella etapa fueron demasiado para mí. Que te ocurra todo eso cuando tienes veintiún años es una pasada. Yo me lo tomé demasiado en serio. Si leía una buena crítica que señalaba algún fallo sólo recordaba aquel comentario negativo. Era como montar en la montaña rusa, no debes tomártelo en serio, pero yo lo hice. Me enfadaba mucho si las cosas no salían como yo esperaba, quería que todo fuera a la perfección. Sin embargo, los momentos álgidos, fueron estupendos. Como cuando escuche "Runaway boys" en la radio por primera vez, en Inglaterra, lo recuerdo como una sensación increíble. Algunas de las actuaciones de Stray Cats me hicieron sentir como si realmente estuviéramos haciendo algo grande y fuéramos un gran grupo. Ya nadie puede quitarnos eso. Hicimos lo que quisimos, no nos comprometimos con nadie, y encima a todo el mundo le gustó. ¡No tocábamos para cien personas en un club, teníamos un éxito de la hostia!. Logramos que el rock’n’roll fuera aceptado sin perder su esencia, su cool. Está muy bien tocar para treinta personas en un club, pero mejor todavía para treinta mil y vender millones de discos. Nadie puede negarlo.

Fuisteis populares hasta el final ¿porqué os separasteis?
Eso no es del todo cierto. El rockabilly fue mal visto durante una temporada y vivimos muchos momentos bajos. Lo que sucedió con Stray Cats, en mi opinión, es que seguimos nuestro camino hasta el final. Nos aburríamos, salir de gira se convirtió en un mal rollo. No teníamos disco nuevo, ni siquiera una discográfica decente. Grabábamos para un sello pequeño de Tennessee. Hicimos un disco cojonudo con Dave Edmunds, "Choo Choo Hot Fish", que nunca llegó a oírse. Nos dijimos que aquello apestaba y decidimos que no podíamos seguir perdiendo el tiempo. Además yo tenía esa idea de la big band. Jim (Phantom) y Lee (Rocker) estaban hartos de oírme hablar de ello. Les dije que tenía que hacerlo y empecé a escribir partituras. Lo de la big band parecía una posibilidad cada vez más real y cuando finalmente se materializó, la idea de volver con Stray Cats se esfumó ¿cómo iba a volver a luchar por conseguir un contrato para Stray Cats cuando tenía un disco en una multinacional y agotaba todas las localidades con mi orquesta? No podía hacer ambas cosas.

Se te conoce como rescatador de viejos sonidos, ¿que escuchas actualmente?
La música que más me interesa son las bandas sonoras de los años 50. Las músicas de Anatomía de un asesinato, El hombre del brazo de oro, Los intocables, por ejemplo, me fascinan. La tensión que encierran, esos crescendos dramáticos, captan poderosamente mi imaginación. Me gustan porque no siguen una fórmula, ilustran una escena en desarrollo sin estribillo, ni puente, ni nada de nada. Es algo que me fascina, repito y me encantaría llegar a realizar una banda sonora.

Eres padre ¿cómo se te da?
Soy un padrazo. Me encanta ser padre. Tengo un chaval de once años, Cody, un jjovencísimo surfer. Es rubio y lleva una onda de pelo sobre la frente. Por la mañana se peina y repeina con gomina hasta que queda perfecto. Es un buen chico. Le van los go-carts y el surf, las actividades al aire libre. Soy afortunado, puedo ser su amigo. Salimos juntos y hacemos cosas como modelar aviones. Es algo que siempre me ha gustado, construir a escala aviones, cohetes, coches.

¿Ha cambiado esto tu visión de la vida en general?
Te haces más responsable. Soy bueno para mi hijo porque me gustan todas esas cosas. Pero sí, te has de levantar por la mañana y llegar a tiempo a la escuela. Así que eso ha cambiado. Todavía salgo por ahí de noche, pero debo recordar que en casa me espera mi hijo. En eso he cambiado, pero es muy entretenido.

Ya sabemos que los coches te apasionan.
Sí, estoy metido a fondo. Ya ni siquiera me interesan las guitarras, sólo quiero coches. Yo sólo restauré un Chevy del 58, tuve que rascar toda la pintura y quitar todos los accesorios. Mi hijo pintó las ruedas y mi mujer hizo una tapicería nueva. Eso es lo que me gusta, restaurarlos yo mismo; no puedo reconstruir el motor, pero sí darles un buen aspecto. Poseo tres coches de época: un Dodge del 57, un Chevy del 58 que restauramos y un Cadillac Convertible de los 60. Son mis coches de diario. Supongo que acabaré comprando un cuatro por cuatro, pero por ahora me resisto. ¡Sigo pensando que puedes hacer de todo con un Caddy!.

¿Asistes a muchas convenciones automovilísticas?
Una vez fui al Open Roadster Show, y la verdad, me pareció un poco decepcionante. Hay un par de hot rod clubs en Orange County, me gusta visitar a esa gente. Llevé a Strummer y el tío estaba en el paraíso. Allí ni siquiera sabían quien era. Nos pusimos a tocar unas canciones, alguien le pidió "London calling"y la cantó ¡su mujer me confesó que no se la cantaba ni a ella!. Fue un gran día, nos sentimos como en casa.

Has hablado de llevar un cierto estilo de vida que llamas "kustom lifestyle". ¿En qué consiste?
Básicamente es gente que escucha y colecciona roots music, les gusta que esta big band proceda de donde procede. Son personas que van a actuaciones de blues y de lounge music, pero también a los bolos de Green Day o de cualquiera de las bandas de swing actuales. Les gusta tener alternativas. No se reduce sólo a un estilo musical, no es sólo rockabilly o psycobilly. Más bien se refiere a una cierta clase de gente que gusta de ir contracorriente. Tiene que ver con coches de época, restaurarlos según su propio estilo, customizarlos o convertirlos en hot rods. También guarda relación con tu forma de vestir, sea esta rockabilly o swing. Se trata de un comportamiento especial que no te permite salir a la calle en tejanos y calzado deportivo y...¡sin haberte peinado! Yo jamás lo he hecho. Es algo que acaba marcando tu comportamiento. Hay mucha gente que vive así, incorporando todos esos elementos a su vida cotidiana.

¿Algo más que añadir?
Me siento afortunado. Sobreviví a los 80 y se me respeta como guitarrista. Cuando la gente oye a Clapton, saben que es él. Eso es todo a lo que yo aspiraba, y finalmente ha ocurrido. La gente me reconoce por mi guitarra.

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